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Cuerdas para violín, viola, violonchelo, contrabajo y guitarra de una empresa fundada en Viena en 1919, que en 1970 lanzó Dominant, la primera cuerda con alma sintética.
Thomastik-Infeld se fundó en 1919 en Viena, Austria, por el doctor Franz Thomastik y el ingeniero Otto Infeld. En 1927 ya fabricaba cuerdas para violín, viola, violonchelo y contrabajo. La Segunda Guerra Mundial destruyó sus talleres, pero la empresa se recuperó con cuerdas de alma de cable de acero y después sumó cuerdas para mandolina y guitarra de jazz. En 1970 presentó Dominant, la primera cuerda con alma sintética. Hacia el cambio de milenio terminó su propio laminador, y desde 2009 la dirige Zdenka Infeld.
Para elegir cuerdas de arco, la primera decisión es el tipo de alma. Las de tripa tienen un sonido cálido y lleno de matices, pero son sensibles a la humedad y tardan en estabilizar la afinación. Las de alma sintética se acercan a ese carácter y afinan mucho más estables, por eso son las más usadas hoy. Las de alma de acero suenan brillantes y directas, responden rápido y duran mucho, algo útil en instrumentos de estudio y en música popular. Después mirá la tensión: una tensión suave facilita la respuesta y da un sonido más dulce, y una fuerte proyecta más, pero exige más del instrumento. Por último, confirmá la medida de tu instrumento, porque un juego de 4/4 no sirve para un violín de 3/4. En guitarra, el entorchado plano de las cuerdas de jazz suena más cálido y reduce el ruido de los dedos.
Si no sabés qué cuerdas le convienen a tu instrumento, consultanos y te ayudamos a elegir.
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